BACIS 39. LA BANDERA QUE NOS REPRESENTA

En las cuatro regiones del Imperio las espadas clavadas por los Heraldos Negros  secan lentamente todo a su paso. Al suroeste y desinformados de lo que sucede, el Grupo Chatarra se organiza para partir a Cineris.

En la sala principal del cuartel de la Legión de Cobre, Nad acababa de contarle a sus compañeros lo sucedido desde su encuentro con el libro de Lura y  la mantícora. Era de esperarse que no supieran de qué manera reaccionar ante tales relevaciones. Agelein confundido pidió una explicación.

—¡¿Y cuándo tenías pensado decirnos todo esto?! ¡¿Y por qué a Eli sí le cuentas cosas?! ¡Yo soy tu mejor amigo!

—Es demasiada información para mi cerebro, necesito un sueñito–Sariel cabeceó adormilada.

—El lugar donde se oculta la luna durante el día…

La más afectada fue Kadu. Clavó la mirada en sus pies y colocó las manos en la espalda. A ella venían las últimas palabras de su antigua líder. Se trataba de la misma frase que le había dicho la mantícora a Nad. El lugar donde se oculta la luna durante el día. Ansiosa por una respuesta alzó la cabeza.

—Amo ¿Cuál habrá sido la verdadera misión de la líder Dríada?¿Qué habrá descubierto Igto en ese libro y por qué nadie quiso contarme?

—No sé.

—¡A ver, Nad! ¿Y qué es eso de los 99 mundos? ¡Alguien deme una respuesta? ¡Voy a desmayarme! ¡99 mundos! ¡Cineris! ¡Los Heraldos! ¡Tora! ¡TORA! ¡Tenemos que ir a salvarlo! – Agelein deliró hablando solo y con un tic en los labios. –Cineris, Heraldos, 99 mundos, Tora. Cineris, 99 mundos. Heraldos. Tora.

—Agel.

—¡Sí, Nad! ¡Ya sé! ¡Ya sé!

—¿Qué cosa?

—Que me calle.

—La única manera de descubrirlo será viajando al sur – dijo Eli. – Para llegar a Cineris tendremos que cruzar por el cuartel de la Legión de Oro. Y si lo logramos no sé lo que nos espera, nadie ha estado en la ciudad de cenizas desde que terminó la guerra, además desconocemos que  intenciones tengan los Heraldos. Pero antes de eso, necesitamos saber una cosa, Nad. Algo que no has querido decirnos. ¿Quién es Lura? ¿Cómo es posible que alguien haya escrito ese libro hace miles de años y seguir con vida?

El nombre de Lura hizo temblar a Nad. Se trataba del hombre al que tenía que vencer para llegar a Bacis. A pesar de contarles todo acerca del libro que aún no abría y su conversación con la mantícora, seguía sin confesarles su verdadera relación con aquel individuo y la búsqueda que estaba emprendiendo hacia la tierra de los Dioses.

Con un esfuerzo sobrehumano colocó las sílabas en su garganta para hablar sobre esta parte de su pasado. El hueco en el pecho que lentamente lo iba consumiendo palpitaba.

—Nad, no tienes qué decirnos si no quieres – agregó Sariel consciente del sufrimiento que le provocaba a su líder recordar el pasado. Ella también guardaba un dolor parecido.

—Hace diez años dos hombres aparecieron en mi pueblo. Uno de ellos era un Dios, el otro…Un demonio. El Dios me arrebató mi nombre y el demonio me arrebató lo único que me quedaba en la vida. Lura es el ser más cercano a encontrar Bacis y su poder no puede igualarse. Utiliza diez Anillos de Poder y puede que en uno de ellos se encuentre el secreto de su larga vida.

Eli, Sariel, Agelein y Kadu sintieron escalofríos. Lura era el enemigo al que tendrían que enfrentar para llegar a Bacis. Y aunque ese encuentro se encontraba muy lejos todavía, la aparición de ese hombre, ser o demonio los puso en guardia. Un enemigo que parecía haber burlado el tiempo y la muerte.

Argos se acercó a la pierna de su dueño y lo lamió. Para aligerar la tensión que había provocado, Nad cambió repentinamente de tema. Antes de enfrentar a Lura tenía que encontrar más pistas acerca de Bacis. No llegaría a ningún lado preocupado por esa última lucha.

—Partiremos en unas horas. Preparen sus cosas y nos vemos aquí. Verro alista tu caballo a menos que quieras esperar.

—¡No! ¡Entre más pronto nos vayamos mejor! – respondió el joven, quien se había mantenido al margen de la conversación.

— Amo ¿Qué haremos con Phan y su grupo? Aún no despiertan y necesitan más cuidados – Nad se alejó sin responder. – Amo.

—Kadu, será mejor que lo dejemos ir. Nosotros podemos resolver el problema.

—Gracias, Majestad.

—¡Hay que correrlos del cuartel! – propuso Agelein.

—¡Sí! ¡Boule come al igual que un cerdo aunque esté inconsciente y me deja sin mis aperitivos! – respaldó Sariel.

—Si no les molesta prepararé mi caballo – Verro se dirigió a la salida de la mansión.

—En los establos del cuartel tenemos tres caballos más. Sería buena idea que los tomaras para el viaje mientras dejas que el tuyo descanse aquí. No creo que Phan vaya a reclamarlos pronto.

—¡Qué buena idea, Majestad! ¡Aunque este caballo me lo compró el jefe Miz y me da pena dejarlo así!

—No te preocupes, vamos a regresar.

Verro dejó la mansión para preparar su carreta con los nuevos caballos. Los demás siguieron platicando como si nada hubiera pasado, aunque en realidad dirigían sus miradas al ático donde seguramente se encontraba Nad.

—¡¿Qué vas a llevar para el viaje, Sariel?! – preguntó Agelin.

—Unas almohadas porque una nunca sabe dónde le puede agarrar el sueño.

—Majestad, ¿cree que el Amo se encuentre bien?

—¿Me preguntó de qué o quién se tratará?

—¿De qué habla, Majestad?

—Aquello que perdió Nad a manos de Lura– respondió Eli sin apartar su mirada del ático.

Los pobladores se reunieron en la avenida  para despedir a la Legión de Cobre. Verro ya tenía ensillados a los tres caballos, con lo cual su viaje duraría menos. Si el clima y el camino los favorecía llegarían a la próxima villa en cuestión de días.  Sólo tenía que esperar a que los Portadores bajaran del cuartel para irse.

    Sariel y Agelein trajeron sus maletas repletas de comida al vestíbulo. Eli esperaba en las escaleras y Kadu conversaba con Yuma. La gente se enteró rápidamente que la Legión partiría esa misma tarde, por lo que Yuma corrió a toda velocidad para ser el primero en despedirse. Así como había sido el primero en darles la bienvenida.

—Es probable que despierten en los próximos días. Sus heridas están mejorando y en cuanto abran los ojos tendrás que darles algo sólido de comer. ¿Entendido?

—¡Seguiré las reglas al pie de la letra! ¡Y también me encargaré de proteger el cuartel!

Yuma se quedaría a cuidar de Phan, Boule y Kraktos hasta que despertaran. Su presencia tenía despreocupado al pueblo, les dejaron de temer en cuanto Nad derrotó al rebelde sin ningún esfuerzo. La única preocupación es que otras Legiones llegaran por ellos.

—¡Yuma, no se te olvide lo que acordamos! – Agelein le guiñó un ojo.

—¡Ya está todo listo! ¡El pueblo también quiso participar! ¡Así que tú también te vas a sorprender!

—¿Qué están tramando? ¡Cuéntenmeeeeee! – chilló Sariel.

—Secreto – Agelein le guiñó el ojo.

—¡A mí no me guiñes el ojo!

—¿Listos?

Nad bajó del ático junto con Argos. Se le notaba más tranquilo, aunque nunca podía saberse con seguridad cuándo estaba molesto o no. A un costado cargaba el libro escrito por Lura, que hasta ese momento ninguno había visto. Agelein, Eli, Sariel y Kadu asintieron. Dejaron el cuartel y Yuma se quedó allí despidiéndolos.

—¡Regresen pronto!

—¡No olviden que esta es su casa! ¡Los estaremos esperando!

—¡Gracias de nuevo por ayudarnos!

Ya en la avenida los pobladores llenaron de halagos a Nad y los otros. Los niños se arremolinaron para seguirlos hasta la carreta y las amas de casa sacaron sus pañuelos listas para despedirse. Verro estaba listo para agitar las riendas. Eli lo detuvo y le dirigió una mirada a Nad.

—Ya veo.

Nad se paró en medio de la carreta y observó al pueblo. Este era el lugar al que pertenecía ahora, a donde podría regresar cuando quisiera. Allí la gente lo estimaba más de lo que pudo haber imaginado. Aunque no lo quisiera, veían en él a un líder y antes de partir tenía que dedicarles algunas palabras. Sólo dijo lo siguiente.

—Volveremos.

Tomó asiento he iniciaron su camino. Hubo porras y rimas. Se lanzaron pañuelos, los niños intentaron perseguirlos y los trabajadores se sonaron la nariz para no llorar. Antes de que desaparecieran por completo a la vista, Agelein juntó sus manos alrededor de la boca y dio un grito.

—¡YUMA! ¡AHORA!

En el techo de la mansión Yuma alzó los brazos. Una bandera comenzó a izarse por el asta oxidada del cuartel. Hace más de ocho meses que el antiguo Grupo Chatarra había sido asesinado y desde entonces nadie recordaba el símbolo que los representaba. A lo alto se alzó un estandarte con la insignia de la Legión de Cobre.

   —¡¿Joven Agelein, dónde encontró esa bandera?! – exclamó Kadu.

—Secreto –le guiño el ojo.

Para los pobladores también fue una señal. En cada casa, en cada puerta y en cada mano aparecieron los estandartes de la Legión de Cobre. Nad presenció la escena junto a sus compañeros, aunque perdieran de vista el cuartel las banderas seguían allí. Sobrepasando las copas de los árboles y meneándose con el viento. Conmovido sólo pudo decir una cosa.

—Volveremos.

La primera batalla del Grupo Chatarra se encuentra cada vez más cerca. El escenario será la ciudad donde la ceniza no ha dejado de caer desde hace diez años. Allí descubrirán sus nuevos límites y después de Cineris ninguno volverá a ser el mismo.