BACIS 36. UN HUECO EN LA LEY

Los Portadores están bajo las órdenes del emperador. Su palabra no se discute ni se cuestiona. Sin embargo, siempre hay una forma de evadir las reglas.

—No se mueva, por favor.

Nad esperó a que lo arrestaran. Filum se acercó pasando a un lado del cuerpo de Phan. Los pobladores no se animaron a salir de lo que quedaba de sus casas. Sólo escucharon la conversación y se frustraron porque nadie podía ponerle un alto a la Legión de Oro.

—Estire los brazos.

Dejándose llevar por la situación permitió que le colocaran los grilletes. Filum atrancó las esposas en sus muñecas sin poder disimular la felicidad que le provocaba haber detenido a Nad. Aunque también le causaba nervios que este no mostrara ninguna emoción.

—Qué lástima que alguien tan joven haya echado a perder la oportunidad de convertirse en un gran líder por defender a un criminal. ¿No lo cree? – Filum creyó que Nad respondería a su pregunta pero al no hacerlo siguió hablando solo. – Mis subordinados deben estar cerca, usted y los otros criminales nos acompañarán primero al cuartel de la Legión de Oro y después los enviaremos a la prisión de Nertru. ¿Le parece bien? Qué cosas digo, si usted no tiene derecho a exigir– sonrió  apretando a propósito con más fuerza los grilletes.

—¡Nad! ¡Vine a que me subas el sueldo!

Sariel, Kadu y Agelein llegaron al pueblo. Lo primero con lo que se encontraron fue que las casas estaban destruidas, el único molino de agua había quedado deshecho, fragmentos de vidrios seguían cayendo de las ventanas y la madera de los techos se esparcía por la calle.

—No seas presumido, Agelein. Ojalá Kadu no te hubiera ayudado, sólo porque ganaste una pelea y ya te crees mucho.

—¡¿Qué pasó aquí?! – dijo Kadu sorprendida.

Al ver que aparecían Nad asintió con la cabeza para sí en señal de alegría. Lograron superar al enemigo que se les presentó y con ello demostrar que estaban listos para enfrentar lo que vendría.

—Hasta que llegan.

Asombrados por la nueva apariencia del pueblo no se habían percatado de Nad. Al escuchar su voz  lo vieron esposado. En el suelo reposaba el cuerpo herido de Phan y un Portador con un tabardo de oro sostenía un par de grilletes que acababa de sacar para los tobillos.

—Nad, ¡¿qué te están haciendo?! – gritó Agelein.

—Me acaban de arrestar – respondió con tranquilidad.

Filum y los otros se quedaron mudos por la forma en que lo dijo. Sereno y sin emitir alguna expresión que indicara miedo u nerviosismo. El perro corrió hacia el Portador y le ladró. Agelein se preparó para pelear si era necesario.

—¡Quita tus manos de mi futuro esposo! – exclamó Sariel.

Tres Portadores con anillos y tabardos diferentes. Eran los integrantes del Grupo Chatarra. La primera legión en contar con miembros que utilizaban sortijas desiguales y liderados por alguien que no necesitaba anillos. Filum los reconoció y puso especial atención en Kadu.

—Debe ser impactante para ustedes ver a su líder en esta situación. Les confieso que lo fue más para mí. Si él no se los quiere decir, yo lo haré. Nad, antiguo líder de esta Legión acaba de ser arrestado por proteger al criminal Phan y atentar contra el bien de Nuestra Majestad. Si aprecian la oportunidad que les fue dada al ser nombrados Portadores les pido que no interfieran. En caso contrario será cuestionada su lealtad al Reino y tendremos que apuntarlos como cómplices. ¿Cuál será su decisión?

Incluso el perro dejó de ladrar. Sariel y Agelein pensaban con un pie enfrente listos para atacar y otro atrás dudando. Kadu a pesar de estar preocupada parecía contar con un as bajo la manga. Pero el miedo a la Legión de Oro no le permitía rebelarse contra ellos.

—¿Qué hacemos, Sariel?

—Es obvio. Liberarlo y patearle el trasero a este creído.

—Señorita Sariel, Joven Agelein, dejen que yo me encargue.

—Quería esperar a un momento más legendario y glorioso para revelar la palabra de mi anillo pero no dejaré que nadie toque a mi futuro esposo. ¡Kadu, Kadu! ¡Ayúdanos con tu palabra de recuperación! ¡La vamos a necesitar!

—Señorita Sariel, un momento.

Ignorando a Kadu, Sariel y Agelein prepararon sus sortijas. Arremangándose las mangas del tabardo fueron hacia Filum. El perro recuperó su entusiasmo y siguió con sus ladridos, mostrando el filo de los colmillos. El Portador sonrió esperando que respondieran de aquella manera.

—Parece que no estará solo en su celda, Nad – dijo Filum.

—Faltabas tú – mencionó Nad dirigiéndose al que venía entrando.

—Sariel, Agelein, no se precipiten.

La persona que apareció fue Eli. Con el tabardo rasgado y los puños ensangrentados encontró a su líder  a punto de ser arrestado y a sus compañeros intentando rescatarlo. Sariel y Agelein se vieron entre ellos. Junto a Eli podrían derrotar a Filum.

—¿Qué te pasó? – le preguntó Nad.

—Eso debería preguntarte yo.

—Me están arrestando.

—Majestad, es un gusto saludarlo.

Filum se apartó de Nad para inclinarse ante Eli. Puso la mano derecha en su pecho y bajó la mirada. Eli se limitó a observarlo pero no le interesaba que lo halagaran. La Legión de Oro nunca le había agradado, ya que eran los Portadores que utilizaba el rey para sus tareas bajo el agua.

—Exijo saber el motivo del arresto – pidió Eli molesto.

—Majestad, lamento comunicarle que este joven acaba de ser arrestado por conspirar en contra de su padre. El hombre que usted ve aquí tirado es un criminal buscado en todo el imperio y  fue defendido por el antiguo Líder de la Legión de Cobre.

—¿Cómo que antiguo líder?

—Majestad, cualquiera que atente contra la paz de Otaez merece que le remuevan todos sus cargos y sea enviado a la prisión de Nertru.

—¿Es cierto lo que dice, Nad? ¿Estás defendiendo a este criminal?

—Él no se irá de aquí hasta que se recupere y le pida perdón a la gente del pueblo.

—Con que era eso – dijo Eli. – Pienso igual entonces.

Nad y Eli se parecían más de lo que creían. En los dos habitaba un modo no convencional de juzgar a las personas. A pesar de vencer a sus enemigos les daban una oportunidad de pagar por sus faltas. Las acciones tienen consecuencias y uno tiene que pagar por ellas. Filum no daba cabida a la actitud del príncipe.

—Majestad, por favor reitere lo que dice. Me daría mucha pena tener que arrestarlo también.

—Yo quisiera decir algo – habló Kadu entre dientes.

A todos les resultó extrañó que Kadu quisiera hablar. Nad no supo qué es lo que diría y le preocupaba ponerla en peligro. Eli se acercó  para protegerla.

—Niña, es una descortesía interrumpir al príncipe. ¿No ves que estamos hablando?

—¡A ver! ¡A ver! ¡Tú no vas a estar molestando a mi compañera! – exclamó Sariel.

—Yo quiero escuchar lo que tenga que decir – agregó Eli. – ¿Te parece bien, Portador?

—Claro, Majestad. Lo que usted ordene.

—Prosigue, Kadu.

—No sé cómo empezar

—Habla, niña, no tenemos todo tu tiempo.

—¡Ah qué contigo! ¡ ¿No te dijeron que la dejaras hablar?! – se enfadó Agelein.

—Lo que pasa es que – comenzó Kadu apenada. – Según el reglamento de Portadores, yo no digo que usted no lo haya leído – se refería a Filum. – Está dictado que los Líderes de Legión tienen inmunidad dentro de sus cuarteles. Cualquier decisión que tomen siempre y cuando sea en su cuartel está exenta de ser discutida por el Rey. De ese modo se le brinda cierta autonomía a los Líderes para que obren según lo que consideren mejor para el Imperio. Y ammm, como el pueblo se encuentra dentro del territorio de la Legión de Cobre, podríamos decir que le pertenece al Líder Nad y por lo tanto sus decisiones son absolutas. ¡Estodoloquetengoquedecirperdón!

Todos se quedaron sorprendidos. Los pobladores salieron emocionados de sus casas al escuchar cómo Kadu contradecía a un portador de la Legión de Oro. Querían ver en su rostro cómo el enojo lo consumiría.

A Filum se le subió la sangre a las mejillas y rojo de la vergüenza no supo cómo esconder la humillación que acababa de recibir por parte de Kadu. Él que se creía conocedor de todas las reglas fue derrotado por una joven de 16 años que se escondía tras sus manos. Sin emitir algún comentario se acercó libero a Nad.

—Disculpe el malentendido. Líder. Aún hay muchas reglas que necesito conocer, deje le quito las esposas – sonrió condescendiente.

-—No es necesario.

Nad apretó sus muñecas y los grilletes se quebraron cayendo en pedazos. Filum se encontraba desconcertado. Las esposas nunca fueron necesarias, desde el principio habían sido un adorno para el joven.

—Espero no se lo tome personal, Líder. Si me disculpa esperaré a que lleguen mis subordinados y pasaré a retirarme.

—¡Tora! ¡Ese que viene ahí es Tora! – gritó Agelein de alegría.

Los subordinados que llevaba esperando Filum eran Tora y los dos concursantes contra los que se habían enfrentado Agelein y Sariel en la prueba de la selva. La pareja del joven con patas de gallo y el joven flecha. Cada uno sostenía las riendas de un caballo, los que Phan había dejado fuera del remolino.

Tora miró a Agelein pero no lo saludó. Se limitó a sonreírle desde lejos. Eso se debía  al ambiente provocado entre Filum y Nad. Cualquier contacto que hiciera con ellos tendría que pagarlo de regreso al cuartel. El joven patas de gallo y el arquero vieron a Phan herido en el suelo y a Nad frente a su maestro.

—Mira, el que está tirado es Phan – dijo el joven patas de gallo.

—¿Y ya viste quién más está ahí? – preguntó el otro.

—El que no usa anillo.

—Líder Nad, Majestad, déjenme presentarles a mis subordinados. Estos dos de aquí son Gallu y Sagita. –El otro es Tora. Ellos tres están bajo mi cargo hasta el momento en que puedan ser considerados Portadores autosuficientes. Yo sé que no hacía falta presentarlos, todos ustedes participaron en el examen de este año y ya deben conocerse.

Filum fue con sus subordinados sonriendo. Estos sabían lo que significaba esa sonrisa. Su maestro estaba enfurecido por dentro. No sabían el motivo pero tenía que ver con la aparición de Nad.  

—Creo que lo mejor será que nos retiremos, no hay nada que tengamos qué hacer aquí.

—Señor, ¿qué va a pasar con Fan? – preguntó Sagita.

—No te preocupes por eso – Filum apretó el hombro del joven hiriéndolo. – La Legión de Cobre se hará cargo. También de los caballos, no los necesitaremos. ¿Verdad, Líder Nad?

—Pueden quedarse aquí a descansar y partir mañana – dijo Eli mostrando su educación.

—Eso no será necesario, Majestad. Mis subordinados y yo tenemos un camino largo que recorrer hasta el cuartel para informar de lo sucedido.  

—Señor, ¿puedo ir a saludar a uno de los Portadores de la Legión de Cobre? – preguntó Tora.

—Claro que sí, Tora. Pero recuerda que esto tendrá un precio – Filum apretó de igual manera su hombro hiriéndolo.

—Lo acepto.

Tora no pudo contener la felicidad que le provocaba reencontrarse con Agelein y Sariel. Alejado de sus nuevos compañeros parecía el de siempre. Tímido pero sonriente y dispuesto a defender a sus amigos.

—Un gusto saludarte, Tora.

—Lo mismo digo, Majestad.

—¡Tora! ¡ ¿Dónde dejaste a los Merló?! – dijo Sariel en tono de burla y recordándole los días que pasó atado en la cabaña.

—Espero que no sigas quedándote dormida, Sariel.

—¡Tora! ¡Hola! ¡Hace poco vimos a Aznal y ahora apareces tú!  

—Agelein, no puedo hablar mucho en estos momentos pero me gustaría que me dieras un apretón de manos.

Agelein no supo qué responder y le dio la mano a Tora. Al hacerlo, este presionó tres veces las yemas de sus dedos en la palma sin que nadie se diera cuenta. Después se retiró y volvió con Filum. Sin otra cosa por hacer partieron del cuartel de la Legión de Cobre.

—Eso fue extraño – mencionó Agelein

—Yep, Tora está más delgado — bromeó Sariel.

—Parece que nos estamos ganando como enemigos a la Legión de Oro – dijo Eli.

—Ya tendremos tiempo de pensar en eso – dijo Nad. –Y… buen trabajo a todos.  

Era la primera vez que Nad los felicitaba de manera directa. Kadu y Sariel sonrieron. Kadu agachó la cabeza apenada y Eli acarició al perro intentando ocultar su sonrisa. La Legión de Cobre iba a paso lento consolidándose. Sólo faltaba resolver qué harían con Phan y cómo se justificarían ante el rey cuando el momento llegara.

—¡Les dije!  El Líder Nad vendría a salvarnos!

Yuma y los pobladores gritaron felices alrededor y se acercaron  para darle las gracias.

—¡Mamá viste de qué manera peleo el líder Nad! ¡Golpeó, esquivó y luego boom! ¡Lanzó su poder! – Yuma imitaba los movimientos y fingía utilizar un parche cubriéndose el ojo con la mano.

—Otra vez estamos en deuda con ustedes – dijo la madre de Yuma.

—Está bien – respondió Nad.

—Líder  ¿Qué quiere que hagamos con los criminales? ¿Los lanzamos a las minas? ¿Les quitamos un dedo? O mejor aún, ¡Los bañamos! – exclamó Yuma.

—Se quedarán aquí hasta que se recuperen y paguen por lo que hicieron. Agelein, Eli, indíquenle a le gente dónde se encuentran los otros dos. Kadu, Sariel, revisen que ningún poblador tenga heridas. Después de que ayudemos a la reconstrucción de las casas partiremos.

El pueblo festejó su nueva vida arreglando los techos, reacomodando la madera y barriendo trozos de vidrio. Phan, Bule y Kraktos fueron acomodados en la mansión para que Kadu se encargara de su recuperación. Eli, Agelein y Sariel se unieron a los trabajadores en el arreglo del molino. Y Nad, guardó el libro de Lura en el ático y bajó junto al perro para ayudar en donde hiciera falta. El viaje al fin del mundo esperaba.  

Le Legión de Cobre gana un enemigo y se atreve a ir contra las reglas del Rey. ¿Qué consecuencias traerá haber salvado a Phan? Inconsciente el ex Portador guarda un secreto que el Imperio no quiere se sepa. ¿Será que Nad sea el primero en escucharlo?