BACIS 33. LA REVANCHA DEL ORGULLOSO

Por las montañas del suroeste, muy cerca del cuartel de la Legión de Cobre vienen cabalgando tres jinetes. Cubren su rostro con capuchas pero sus anillos de plata relucen en el día. El líder galopa desesperado y agita las riendas sin importarle el cansancio del animal. Faltan tres días para que el Grupo Chatarra regrese de la gran ciudad.

—¡Creo que los perdimos! ¡Kraktos, no te quedes atrás!

—¡Ya voy, gordo! No sé cómo el caballo no se ha tirado con tanto peso que le cargas.

—Debe ser la dieta, me está haciendo efecto.

—¡Cuál dieta, si te la pasas tragando por cada pueblo que pasamos! ¡Ey! ¡Phan! ¡Espéranos!

Los caballos cruzaron las montañas. Al frente lideraba el ex Portador Phan. Criminal buscado por todo el imperio y quien su recompensa aumentaba cada minuto. Detrás lo acompañaban dos desertores. Uno de ellos sobresalía por su peso regordete y el otro por su cabello puntiagudo.

—Deja de reírte de Boule, Kraktos. Recuerda que si nos quedamos sin comida lo tenemos de repuesto.

—¡Phan! ¡Llevó dos días a dieta, es obvio que no se mirarán los resultados todavía!

—Olvidemos tu gordura–dijo Kraktos. – Hay algo que me preocupa y es que no han dejado de perseguirnos.

—Entre más vengan mejor – sonrió Phan. –La plata y el oro nunca nos hemos llevado bien. ¡Ahí está! ¡Bajen la velocidad!

Phan detuvo el caballo. Lo amarró al tronco de un árbol y se desprendió del manto que traía para que no lo reconocieran. Aún utilizaba el antiguo tabardo de plata, su anillo resplandecía y vestido de aquella manera cualquiera hubiera pensando que se trataba de un Portador oficial.

—Examinaremos el terreno primero, no pronuncien sin que yo se los ordene. Los anillos cuentan con energía limitada y si la gastan de nada nos habrá servido todo el viaje.

Kraktos y Boule vestían la ropa común de los ciudadanos, aunque al utilizar una sortija de plata quería decir que eran parte de los desertores. Individuos elegidos por un anillo pero que decidieron no presentar el examen de Portadores.

—Phan, ¿estás seguro que aquí se encuentra la persona buscas? Porque si no tendrás que pagarme una comida.

—Sólo piensas en comida, bola de manteca. Y sí, debe ser él, ¿o acaso conocen a otro con  la palabra NADA y que no use anillos?

—Son muchas coincidencias – dijo Kraktos. –Además tú mismo nos has dicho que nunca pudiste verlo bien, sólo que te dijo que se llamaba Nada y que detuvo uno de tus ataques sin pronunciar ningún enunciado.

—No tienes que recordármelo.

—Y de ser cierto, ¿no dicen que luchó a la par de Ruber? Si es así no me quiero imaginar lo fuerte que es.

—¡Cobardes! ¡Si tienen miedo se pueden regresar de dónde los saqué! ¡No los necesito!

—Ya lo hiciste enojar, Kraktos.

—¡Phan! ¡Perdón! ¡No te vayas!

Cubrieron los alrededores y se aseguraron de no ser emboscados. Boule señaló a un grupo de trabajadores que venían bajando de las minas para su primer descanso. Kraktos los siguió de cerca y de este modo Phan llegó al lugar que llevaba buscando desde hace dos meses. El pueblo donde residía la Legión de Cobre.

Cinco personas y un perro entraron a  la Asociación de Portadores. Estuvieron una semana en la capital completando misiones y ganando dinero. En la tabla de posiciones seguían estando en el último lugar, aunque poco a poco y de manera discreta subían sus números.

—¿Ya le conseguiste nombre al perro, Agel?

—¡Me quedan todavía varias horas para que se me acabe el plazo, Nad! ¡No me presiones!

—Ya veo.

—Amo, ahora que estemos en el cuartel me gustaría explicarle cómo funciona el sistema de misiones, ya que no tuvimos tiempo estos días.

—¡Así es, Kadu, Kadu! ¡No tuvimos tiempo de nadaaaaaa! ¡Porque Don LLorón escogió las peores misiones!

—Nunca había limpiado un retrete, mucho menos los baños públicos de la ciudad. Fue una experiencia interesante.

—¡Asco, Eli! ¡No me lo recuerdes! ¡Todo fue de culpa de Agelein! ¡Nos tocaron las peores misiones! ¡Yo sólo quería come nieve!

—¡Guao!

La Legión de Cobre realizó durante siete días las misiones que según la Asociación estaban al nivel de su grupo. Limpiaron baños, trabajaron como meseros, pasearon mascotas. Eli fue modelo para un sastre, Sariel probó una de serie de almohadas que próximamente saldrían a la venta, Agelein se desveló barriendo de madrugada en la Taberna del Pueblo y Kadu ayudó en una florería.

—Hay que cruzar la puerta – dijo Nad.

Después de cobrar las recompensas de sus últimos trabajos se dirigieron al acceso que llevaba a la mansión. Nad se puso al frente del grupo y abrió la puerta, el perro no perdió el tiempo y se echó a correr por el cuartel. Los demás entraron cansados y con ganas de dormir todo el día.

—Un sueñito no me caería mal.

—El pretexto para encerrarte en un cuarto y comerte todos los dulces que compraste, Sariel.

—¡Mira! ¡Yo no tengo la culpa que no hayas querido gastar tu dinero! ¡Llorón!

—Sariel – Nad le clavó la mirada.

—Perdón, Nad. Agelein tú puedes usar el dinero en lo que quieras. Era una bromita.

—Es muy noble de tu parte que hayas enviado lo que ganaste a tu pueblo.

—Gracias, Eli. Ellos lo necesitan más que yo. Pero no era necesario que tú y Nad también lo hicieran.

—Yo tampoco necesitaba ese dinero. ¿Y tú Nad?

—Kadu, cuida al perro. Agelein, Sariel guarden silencio. Eli, sígueme.

—El cuartel y el pueblo entero están … – se quedó pasmado Eli. –Vamos.

No tuvieron ni oportunidad de desempacar los suministros que  compraron cuando otro problema se avecinaba. Nad y Eli se apresuraron a salir de la mansión. Pasó desapercibidos para ellos lo que la gente del pueblo hizo mientras estaban en la capital.

Las ventanas tenían ahora cortinas, las paredes estaban pintadas, más muebles fueron sido agregados, los candelabros contaban con  velas nuevas, las habitaciones brillaban de limpio e incluso los pobladores trajeron una casa para el perro.

—El Amo se miraba muy preocupado.

—¿No puedes sentirlo, Kadu, Kadu?

—¿Sentir qué, Sariel? ¿Por qué nadie me dice cuando sienten cosas? Yo también quiero saber.

—¡Es el colmo contigo, Agelein!

—Es cierto, Señorita Sariel. No sé por qué mi anillo no reaccionó antes.

—¡¿Tú también, Kadu?! ¡Soy el único al que su anillo no sirve!

—Deja de llorar y mejor vamos con ellos.

—Pero el Amo dijo que esperáramos aquí, Señorita Sariel.

—¿Cuándo le hemos hecho caso? Je,je,je.

Al llegar al jardín Nad percibió la energía que los rodeaba y la sortija de Eli brilló. Sin embargo, no era necesario poseer un anillo para notar lo que ocurría. Un remolino de viento cubría todo el poblado incluyendo la mansión y los alrededores. El vendaval arrastraba el aire a una velocidad exorbitante.

—Esto sólo puede ser causa de un Anillo de Poder, ¿Qué clase de palabra será? ¿Y cuántos días llevara así? Parece una barrera, nadie puede entrar ni salir hasta que el usuario desactive el enunciado – dijo Eli.

—Bajemos – respondió Nad.

—¡No se vayannnn! ¡Ayyyyy! ¡Me lleva el viento! – gritó Agelein flotando.

—¡Tonto! ¡Agárrate! – Sariel lo sujetó y también tomó a Kadu del tabardo.

—Les dije que no vinieran.

—¡Nad! ¡Sariel nos convenció! ¡Yo no quería!

—¡Traición! ¡No te lo perdonaré jamás, Agelein!

—Esto no será como en las cuevas – advirtió Eli. – Sólo un Portador puede hacer uso de esta clase de poder, tienen que ser conscientes a lo que nos enfrentamos. Nad sólo quiere protegerlos.

—El Amo es muy amable.

—¡Nad! ¡Sí nos quieres!

—¡Oh, amado mío! ¡Hoy te esperaré en nuestra alcoba!

—¡Guao!

—Mmmm – Nad se resignó.

Sobre la única calle de la aldea se encontraban hincados los pobladores. Amarrados de pies y manos. Los hombres del lado derecho y las mujeres del izquierdo. El viento azotaba las casas y desprendía las tejas de madera húmeda. Sólo una persona se atrevía a defenderse. Y no era precisamente un adulto.

—¡No importa lo que nos hagan en cuanto llegue la Legión de Cobre se arrepentirán!

Yuma gritó retando a quienes los tenían amarrados. Su padre temió que lo hirieran, aún no lograba recuperarse de sus heridas provocadas en la mina y no podría defenderlo. Phan se levantó de su silla hecha por hombres quienes con sus espaldas soportaban el peso. Se acercó al niño y apretó sus cachetes.

—Llevas tres días diciéndome lo mismo. Estás comenzando a desesperarme – estrujó sus mejillas logrando que llorara.

—El líder Nad nos salvará, este pueblo le pertenece.

—Pues si no llega pronto tendré que comenzar a tomar otras medidas. Mi paciencia se agota –  tomó a Yuma de la cabeza y lo revolcó por el suelo.

—Phan, llevamos tres días esperando y no aparecen. Al contrario del otro grupo que nos venía siguiendo, si no nos apuramos van alcanzarlos.

—Mi querido Kraktos, hace dos días que están aquí, por qué crees que tuve que enunciar esta barrera.

—¡Ojalá salgamos vivos o ya no podré comer jamás! – Boule acarició su panza.

—¡Suéltame! ¡Hueles a que no te bañas! – Yuma pataleó.

—Aunque no estaría mal deshacernos de esta gente para reducir la posibilidad de que nos atrapen. Comenzando contigo, mocoso.

Phan levantó a Yuma sosteniéndolo desde la raíz del cabello. El niño pataleó intentando liberarse y los pobladores desesperados pedían con la mirada que alguien los ayudara. El ex Portador acumuló viento en uno de sus dedos, apuntó a la frente del niño y pronunció el enunciado de ataque.

—¡Vent! ¡Disparo de viento!

—Eli.

—Lo sé.

Nad no necesito darle ninguna orden. Eli se movió a toda velocidad pasando inadvertido entre los pobladores. Kraktos y Boule tampoco se dieron cuenta de su presencia hasta que lo vieron de frente. Con su brazo desvió el disparo. Cruzó miradas con Phan y recuperó a Yuma.

—¡Es la Legión de Cobre! – gritaron los pobladores.

Por la avenida apareció el Grupo Chatarra. Nad venía en el centro y a su lado Kadu, Sariel, Agelien y el perro todavía sin nombre. El corazón de Phan palpitó catarquico. Kraktos y Boule se pusieron en guardia listos para activar sus anillos.

—Ese debe ser el Líder de la Legión de Cobre – dijo Boule.

—Es más joven de lo que creí – agregó Kraktos. — ¿Acaso tienes miedo, gordo?

—¿Se me nota?

—Tus tripas están crujiendo desde que apareció, ¿de verdad podremos derrotarlo?

—¡Estás aquí! ¡NADA! – gritó Phan.

Eli alejó a Yuma de la zona y ya ideaba un plan para liberar a los demás. Nad se acercó hasta donde se encontraba Phan y no tardó en reconocerlo. Era la persona que secuestró a Lían. Nunca imaginó que volverían a encontrarse. Antes lo había perdonado, pero ahora no existiría una segunda oportunidad.

—Ese es Phan, el ex Portador de la Legión de Plata – dijo Kadu.

—¡¿Qué?! ¡¿Qué?! ¡¿Quieres decir que este es el criminal al que todos buscan?! ¡¿Y Nad lo conoce?! – exclamó Agelein.

—¡Oh, Nad mío! ¡Siempre atraes a la gente más rara!

Phan llevaba esperando dos meses este encuentro. Desde que se enteró que Nad era el nuevo  líder de la Legión de Cobre entrenó sin descanso. Perfeccionando sus enunciados y al mismo tiempo sacando información que le revelará la ubicación exacta del Cuartel. En uno de sus viajes se topó con Kraktos y Boule.

—¡Vamos a ajustar cuentas, Nada! ¡Tú y yo! ¡Uno contra uno! ¡Si ganas dejaré libre a esta gente!

—¿Seguro?

La pregunta de Nad penetró en Phan. Sólo en ese momento se dio cuenta del nivel en el que se encontraba su contrincante. Una fuerza abrumadora emanaba del joven sin anillo. Era muy tarde para arrepentirse. De alguna u otra forma lograría vengarse y humillarlo de la misma manera.

—Kraktos, Boule encárguense de los mocosos. No se contengan.

—¡Entendido!

¡Vant!

Fan pronunció el enunciando de invocación. Al hacerlo dos remolinos aparecieron. Uno atrapó a Kadu, Sariel, Agelei, Boule y al perro alejándolos del poblado. El otro se llevó a Eli y Kraktos. Ninguno de los Portadores tuvo tiempo de reaccionar al ataque. En la avenida sólo quedaron dos.

—Veamos si tus subordinados salen vivos, ¡NADA!

—Les acabas de dar la oportunidad perfecta.

—¿De qué hablas?

—Necesitan confiar más en su fuerza y la única manera de lograrlo es que superen situaciones como esta. Si lo logran estarán más cerca de cumplir su objetivo. Mmmmm, nuestro objetivo.

—¿Cuál?

—Convertirnos en la Legión más fuerte del Imperio – Nad sonrió desafiante.

Nad comienza a compartir el sueño de sus compañeros. La meta final es Bacis: La Tierra de los Dioses. Pero eso no quiere que decir que durante este viaje otros deseos no puedan ser cumplidos. Phan está a punto de conocer lo que en verdad hace fuerte a la Legión de Cobre.