BACIS 32. LA ASOCIACIÓN DE PORTADORES

Tras la fundación de las Legiones y el nombramiento de los primeros Portadores se instauró en Otaez una costumbre que sigue hasta hoy. Clasificar de mejor a peor a las seis Legiones del Imperio. Esto depende de los siguientes factores: la fuerza que tienen como equipo en el campo de batalla, el éxito de sus misiones,  la lealtad que muestran ante el reino y la capacidad para inspirar otros. Sumados estos elementos se genera una percepción general entre la ciudadanía. Así, podemos decir que desde los inicios, la Legión Rubí se ha posicionado como la más importante y la más querida por la gente. En contraste, existe un grupo que durante siglos no ha podido ganarse el cariño o el respeto de los pobladores. La Legión de Cobre o mejor conocidos como El Grupo Chatarra.  Tal vez va siendo momento que comiencen a abrirse paso.

—¡Auch!, me duele la cabeza. Creo que no tuve que beber tanto jugo de arándano –Agelein se tocó la frente.

—A mi duele la panza, no sé cuánto comí al final –agregó Sariel sobándose el estómago hinchado.

La fiesta en la mansión terminó. Ageleien y Sariel despertaron sin saber  la hora. En las mesas quedaron las sobras de comida y lo último que recordaban era haber bailado con Yuma y los algunos. Después del jugo de arándano ligeramente fermentado ya no supieron nada.

—¡Buenos días, Joven Agelein! ¡Buenos días, Señorita Sariel!

Kadu acomodaba los muebles regalados y barría el piso. Ella a diferencia de sus compañeros se desveló intentando cuidar a los niños que corrían por la mansión para que no se perdieran. Mientras limpiaba vio que Eli salía de la biblioteca. Había escogido ese lugar para dormir.

—Espero que se le hayan pasado bien.

—¡Eli! ¿Dónde estabas? Desapareciste en cuanto empezó lo mejor –dijo Agelein.

—Estaba con Nad en el ático.

—¿Cómo está?

—Será mejor que él te lo diga.

Nad iba bajando por las escaleras junto al perro. Dentro de su capa traía guardado el libro de Lura que seguía sin atreverse a leer. Ahora que todos estaban despiertos era el momento de contarle a sus compañeros la decisión que tomó una noche antes. Apareció en la sala  con todos esperándolo.

—Necesitamos hablar.

Agelein no lo molestó con sus bromas habituales y Sariel no hizo ningún comentario acerca del festejo. Este era su líder y debían mostrar respeto en situaciones como esa. En las que Nad estaba dispuesto a revelar un poco sobre lo que sentía y pensaba. El baile y las risas sería mejor recordarlos luego.

—Te escuchamos – respondió Eli quien ya sabía de lo que se trataba.

—¡AMO! ¡Perdónquelointerrumpa! ¡Perohayalgoquenecesitodecirleconurgencia! –Kadu habló apresurada antes de que Nad continuara.

—¿Qué pasa?

—¡AMO! ¡Es que…!

—Dilo de una vez.

—¡AMO! ¡Majestad! ¡Joven Agelein! ¡Señorita Sariel! ¡Tenemos que regresar a la capital!

—¡¿Ehhhhhhhhhh?! –respondieron Agelein y Sariel al mismo tiempo.

—¿Cómo que regresar a la capital? –preguntó Eli.

—¡Es necesario que regresemos cuanto antes! ¡No podemos perder más tiempo!

—¡Pero si acabamos de llegarrrrrrr! – dijo Agelein exaltado .- Y son una infinidad de semanas de aquí hasta Otaez. ¿Estás segura que no tomaste jugo de arándano?  

—Déjenla hablar – pidió Nad.

—Ammmm. Como saben, ayer completamos una misión.

—¡Así es! ¡Y yo activé mi enunciado de ataque en el momento de la verdad protegiendo a la floja de Sariel!

—¡Era una siesta! ¡Una siesta!

—Bueno, cada que una Legión completa una misión debe regresar a la capital para informar de lo sucedido y que los Portadores correspondientes se encarguen del caso si es necesario. Además, cuando la misión se resuelve con éxito recibimos una recompensa por ello aunque quien nos haya contratado no cumpla su parte del trato.

—Ya veo.

—¡Nad! ¡Eso quiere decir que tendremos dinero! ¡Por fin! –brincó Agelein de alegría.

—¡Helados! ¡Dulces! ¡Paletas! ¡Todo puede comprarse con el dinero! –Sariel rodó sonrojada por la sala.

—¿Pero eso no quiere decir que los Portadores tienen que estar viajando constantemente a la capital? Son semanas pérdidas en el transcurso– comentó Eli pensativo.

—¡Amo! ¡Por favor no se enoje con lo que voy a decir!

—¿Qué?

—¡NO ERA NECESARIO UTILIZAR LA CARRETA PARA LLEGAR AL CUARTEL! –gritó Kadu apenada.

—¿Ehhhhhhhhh? –Agelein y Sariel estaban más sincronizados que de costumbre.

—Explícate – le ordenó Nad.

—Será mejor que me sigan.

Kadu y los demás subieron al cuarto piso. En el pasillo se encontraban cerradas las puertas de las habitaciones. Ninguna variaba mucho y hasta el momento parecían estar hechas del mismo material. El perro se adelantó y se detuvo ladrando frente a uno de los cuartos. 

—Aquí es – dijo Kadu.

—No entiendo– respondió Nad.

—Oye, Sariel ¿esta puerta no se parece a la de nuestras habitaciones en el Centro de Inscripciones? — recordó Agelein.

—Ya que lo mencionas sí.

—¿Acaso durmieron juntos durante el examen? –preguntó Eli de manera muy seria.

—¡Claro que no! –respondieron a la par.

—Me alegro. Estamos muy jóvenes todavía para eso.

—¡Eli ya! ¡ ¿Y por qué lo dices tan enserio?!  

—Agel. Sariel.

—¿Dinos, Nad?

—Cállense. Kadu, continúa.

—Amo, lo que intenté decirle cuando íbamos en la carreta es que no la necesitábamos para llegar a la mansión ya que todas las Legiones tienen un acceso directo a la capital desde sus respectivos cuarteles. Véalo por usted mismo.

Nad movió la perilla incrédulo. Al abrir la puerta el estruendo de la multitud se escuchó en toda la mansión. Los pasos inundaron las habitaciones y las conversaciones llegaron hasta el ático.  Frente a ellos encontraron un vestíbulo repleto de Portadores.

—Bienvenidos a la Asociación de Portadores –dijo Kadu.

Los cinco cruzaron la puerta. Agelein y Sariel  Voltearon hacia arriba y vieron que el techo era un vitral grabado con los Seis Anillos de Poder. En medio de la sala se erigía un mostrador con varias personas atendiendo y los Portadores que se encontraban en murmuraban acerca de los recién llegados.

—¡ ¿Por qué nadie nos dijo que este lugar existía?! – exclamó Agelein girando la cabeza de una lado para otro.

—Yo creía que el amo Nad ya estaba enterado. ¡Noesquedebasaberlotodo! –respondió Kadu.

—Ni idea.

—¡Amo! ¿Acaso no le avisaron en las juntas que hubo con los líderes sobre la Asociación, el sistema de misiones y las normas  para Portadores?

—Oh, las juntas. No fui a ninguna.

—¡¿Entonces para qué estuvimos dos meses en la capital?! – gritó Agelein. –Ojalá nadie sepa que tuvimos que tomar una carreta para llegar al cuartel.

—Creo que sí están enterados – dijo Eli.

Los Portadores se reían de Nad y su grupo. Al parecer en dos meses no pudieron descubrir la existencia de las puertas para viajar a los cuarteles. Agelein y Sariel los retaron con la mirada y Eli los tomó del tabardo para que no salieran corriendo a pelear.

—Tranquilos – dijo Eli.

—¡Esto no se quedará así! ¡Rayos! ¡Ahí viene! Quince segundos de micro sueño, adiós.

Avanzaron hasta el centro de atención. Sariel caminaba dormida, Agelein seguía ensimismado con la arquitectura del lugar  y el perro que venía con ellos desapareció. Kadu le explicaba a Nad y Eli los detalles acerca de la Asociación de Portadores.

—Este edificio en realidad es el Centro de Inscripciones, o mejor dicho, el Centro de Inscripciones se encuentra dentro de la Asociación. El público sabe poco de lo que sucede aquí dentro, sólo que una vez al año abre sus puertas para el Examen de Portadores. Los Portadores somos los únicos que tenemos acceso desde nuestros cuarteles. Algunas Legiones como la del líder Ruber cuentan con más entradas debido a la importancia de su trabajo para el Imperio.

—Kadu, Kadu, disculpa que interrumpa tu explicación estilo Eli, pero ¿qué es eso de ahí? – preguntó Sariel ya despierta.

—¡Ahhhhh! ¡Ahí está el nombre de nuestra Legión! – notó Agelein.

En una de las paredes pendía un tablón que abarcaba la mitad del edificio con el nombre de las seis legiones. Debajo de cada uno había cierto número de anillos dibujados en hilera y al final un recuadro sumando el total de ellos. En primer lugar se encontraba  la Legión Rubí y en último  la Legión de Cobre.

—Es el tablón de clasificaciones – comentó Kadu.

—Imagino que nuestro líder tampoco sabía de esto – Agelein volteó sospechoso hacia Nad.

—Ni idea.

-¡Dos meses en la capital y resulta que no sabemos nada! ¡ ¿Qué estuvimos haciendo todo ese tiempo?! 

—Si no mal recuerdo, Agelein, estuviste entrenando con Nad ya que no paraste de rogarle que te enseñara otro enunciado.

—¡Eli! ¡No me hagas quedar mal!

—Kadu, Kadu ¿Y para qué o qué sirve ese pizarrón?

—El tablero, Señorita Sariel, es un indicador de la importancia que tienen las Legiones para el reino y la gente. Nuestra Legión se encuentra en el último lugar y así ha sido desde que se fundó. Nunca hemos logrado superar a los demás grupos. Y debido a que llevábamos ocho meses inactivos todas las Legiones nos superan por mucho. Si prestan atención, notarán que debajo del nombre de cada facción están dibujados una serie de anillos. Cada anillo quiere decir que se completó una misión con éxito. Después les puedo decir cómo funciona el sistema de misiones ¡Porquemedamuchapenahablartanseguido! ¡Perdón, Amo!

—A ver, a ver, si los anillos dibujados en el tablero quieren decir el número de misiones completadas por grupo… ¡¿CÓMO ES POSIBLE QUE LA LEGIÓN RUBÍ TENGA 300 EN SÓLO DOS MESES?! –gritó Agelein sorprendido.

—La Legión de Oro se encuentra en segundo lugar con 200 misiones –agregó Eli.

—Y la Legión de mi hermana en tercero con 150.  

—Es el reto entonces –dijo Eli sonriendo.

—¡Así es! –exclamaron Agelein y Sariel.

—¿De qué hablan? –les preguntó  Kadu apenada.

—¡Superaremos a todas las Legiones! –respondieron.

Kadu se quedó muda.  Este nuevo grupo en verdad estaba dispuesto a convertirse en la Legión más importante del Imperio. Ese había sido el sueño de su antigua líder. Dríada deseaba que el Grupo Chatarra fuera reconocido por la gente.

—¡Gracias, Majestad! ¡Gracias, Joven Agelein! ¡Gracias, Señorita Sariel!  

—¿No veníamos aquí por otra cosa? –preguntó Nad.

—¡Es cierto, Amo! ¡Perdón! ¡Me emocioné!

Llegaron al mostrador y la joven que atendía le entregó a Kadu un formulario. Mientras lo llenaba notó que los demás trabajadores murmuraban entre ellos. Sabía de qué hablaban. Era de sorprenderse que el Grupo Chatarra hubiera completado una misión.

—¿Qué clase misión completaron? ¿Ayudaron a algún anciano? ¿Limpiaron banquetas? O… — preguntó la empleada.

—Completamos una misión tipo esmeralda, señorita. Encuentro con criaturas mitológicas, nombre del ser: mantícora –respondió Kadu.

—Psss, psss, Sariel ¿Qué es eso de misión tipo esmeralda? –habló Agelein en voz baja.

—No sé, pero suena a que nos darán mucho dinero.

—¡¿Misión tipo esmeralda?! ¿Segura? ¿Quién la derrotó? ¿Les ayudó otra Legión me imagino? –inquirió desconfiada la empleada.

—Yo la derroté.

La joven se topó con Nad. Su presencia hizo temblar a los demás trabajadores. Aunque ya habían escuchado del nuevo líder y su corta edad, nunca pensaron que fuera tan imponente. Esta era la persona que luchó a la par del Portador más fuerte de todos los Tiempos y que no utilizaba anillos.

—¡Disculpe, Líder! ¡En seguida registraremos su misión y mandaremos a que revisen el lugar!

—Ya veo.

—También nos gustaría agregar el encuentro con Gules, los cuales fueron derrotados por mis compañeros y yo – dijo Eli apuntando a Agelein y Sariel.

El Príncipe de Otaez también se encontraba ahí. Quien rechazó ser parte de la Legión Rubí para unirse al Grupo Chatarra. Los empleados apenas  pudieron con tantas emociones y casi se desmayan. En cambio, los Portadores de alrededor sintieron la presión que ejercía la nueva Legión.

—¡Majestad! ¡En seguida agregamos esta misión también! ¡Un gusto conocerlo!

—Muy amable de tu parte –esta vez Eli no dejó su posición de realeza.

Agelein y Sariel cargaron los dos sacos con monedas de oro que les dieron. Felices se alejaron del mostrador e iban pensando en lo que comprarían. Era su primer sueldo como Portadores. Nad y Eli caminaban junto a Kadu y los empleados por fin pudieron tomar un respiro.

—¡Nieve! ¡Paleta! ¡Nieve! ¡Nieve! ¡Paleta! ¡Nieve! –Sariel cantaba contando las monedas.

—¡El tablero! ¡Miren! –exclamó Agelein.

Donde estaba inscrito el nombre de la Legión de Cobre se dibujaron dos anillos. Tuvieron que pasar ocho meses para que el Grupo Chatarra volviera a entrar en la competencia. Estaban a 298 anillos de alcanzar a la Legión más importante del Imperio.

—Se siente raro –dijo Eli.

—¿De qué hablas? –le preguntó Nad.

—Es la primera vez que logró algo sin la intervención de mi padre.

—Ya veo.

—¡PRÍNCIPE SUPREMO DE TODA BELLEZA! ¡SEÑOR DE LAS TINIEBLAS Y LA OSCURIDAD! ¡¿CÓMO HAN ESTADO?!

La persona que acababa hablar y que podía tomarse esa clase de confianza con Nad sin que le arrancara la cabeza era Aznal. No lo habían visto desde el fin del examen. Traía puesto un tabardo esmeralda y lo acompañan dos Portadores más.

—Qué tal, Aznal. Tanto tiempo sin vernos.

—¡Príncipe! ¡Usted siempre tan educado! ¡Venga, deme un abrazo! – Aznal abrazó a Eli sin que este le respondiera.

—¡Aznal!

—¡Agelein! ¡Hola! ¡Veo que tú y Sariel por fin son novios!

—¡¿Qué dijiste?! –gritó Sariel. —¡Nad mío! ¡No creas nada de lo que dice este plebeyo!

—¡Señor de las Tinieblas! ¡O debo decir, Líder de las Tinieblas! Venga, deme un abrazo también – Aznal abrió los brazos y Nad sólo lo ignoró con la mirada. –O mejor para otra ocasión.

—¡Aznal! ¡Ven aquí! ¡Cien sentadillas de castigo!

—¡No, hormi! ¡Espera!

—¡Cien sentadillas dije!

—Líder Nad. Me disculpo por la actitud de mi compañero.

En lo que Aznal hacía cien sentadillas los Portadores que lo acompañaban se presentaron. Quien lo regañó fue la Portadora con la palabra hormiga inscrita en su anillo, la misma que enfrentó a Aznal en su última prueba. El otro era Orcus, que con pena se escondía detrás de sus lentes.

—Un gusto conocerlo, líder. Mi nombre es Micida. Y quien me acompaña es Orcus. Tercero al mando de la Legión Esmeralda. Saluda por favor.

—Un…un…un… placer . Señorita Sariel me alegra saludarla de nuevo, la líder habla mucho de usted.

—Para ser un tercero al mando  le falta carácter –le susurró Agelein a Sariel.

—Shhh, no me hables, no quiero que la gente confunda las cosas.

-Aznal se encuentra en etapa de entrenamiento y está bajo nuestra supervisión. Así que cualquier problema que haya podido causarles su actitud les ofrezco de nuevo mis más sinceras disculpas – dijo Micida.

—Ya veo.

—¡Te dije, hormi! ¡Nad y yo somos mejores amigos! ¡Igual que el Príncipe Eli! ¡ ¿Ya te conté cuando me cargó por todo el puente?! ¡Me sentí una princesa!

—¡Cien sentadillas más si sigues hablando!

—Ay, hormi. Tú y yo sabemos que no haré caso.

—Tienes muchas razón. Regresando me encargaré que lo que resta del año cambies las almohadas de la líder Persa.

—¡Hormi! ¡Mi entrenadora favorita! ¡Te haré todo el caso que quieras! ¡Pero no me hagas cambiar las almohadas!

A Nad y los demás les dio gusto que Aznal hubiera encontrado buenos compañeros dentro de la Legión. A pesar de no estar con sus antiguos amigos se veía que disfrutaba haberse convertirdo en Portador y  utilizaba con orgullo su tabardo.

—Aznal, mira, nos ganamos todo este dinero por cumplir una misión – Agelein enseño las bolsas de oro. —¿Tú también has completado misiones?

—Mmmmm, creo que llevamos 20 o 25 misiones.

—26 si contamos la que acabamos de hacer – agregó Orcus.

—Mejor me retiro lentamente antes de seguir siendo humillado –Agelein se alejócon sus bolsas de oro.

—¿Y dónde habían estado? – les preguntó Aznal. –Se me hace raro no haberlos visto por aquí. Lo entendería de Hedera, ya que la mandaron a ser guardia en la prisión de Nertru y Tora que anda en Sunthaz con los odiosos de la Legión de Oro. Pero ustedes ¿Acaso acaban de descubrir la entrada a la Asociación?

—Sí. Nos de la capital fuimos en carreta.

—Nad, acabas de asesinar a esta Legión – dijo Agelein.

—¿En carreta? ¿Pero si eso es mucho tiempo? ¿No me digan entonces que no están enterados?

—¿De qué? –preguntó Nad.

—Orcus, dime por qué aceptamos ser sus entrenadores –Micida se resignó.

—La líder creyó que seríamos un buen ejemplo.

—¡Este es mi momento! –exclamó Aznal. —¡La hora de la información con Aznal! ¡Prepárense! – tomó aire para hablar de corrido e inició. — ¡Mientras la Legión de Cobre perdía el tiempo tomando carretas y Agelein y Sariel se confesaban su amor, en Otaez sucedieron los siguientes hechos! ¡El Rey ha anunciado que dentro de un año se realizará la fiesta más grande que ha conocido el imperio, en la que  celebraremos la primera década desde el fin de la guerra! ¡En otras noticias, Phan, el ex – Portador de la Legión de Plata ha sido clasificado como criminal altamente peligroso, por lo que su recompensa ha subido y todos los Portadores quieren atraparlo. De hecho se cree que ha formado un grupo rebelde por su cuenta lo que me llevaaaaa al siguiente rumor! ¡La existencia aún no comprobada de una conspiración que atenta contra el Rey formada por todos aquellos que han decidido no presentar el examen de Portadores en los últimos años! ¡Finalmente pero no menos importante! ¡Los extraños hechos que asolan las cuatro regiones! ¡Los pobladores aseguran que sus tierras se están secando y que los culpables son las ánimas de cuatro caballeros de armadura negra y con el rostro de la muerte! ¿Será este el fin del Imperio? ¿Mi mejor amigo Eli no logrará convertirse en rey? ¡No lo sabemos! ¡Hasta aquí las noticias! ¡Por Aznal!

—Ya entendimos. Demasiadas emociones para ti por hoy. Vámonos  – Micida jaló de las orejas a Aznal quien movía los brazos para agregarle dramatismo a sus noticias.

—Espera, Hormi. Deja por lo menos me despido – el joven se acercó a Nad y Eli. – De verdad no saben el gusto que me dio verlos, desde que Surypa y los demás nos separamos ha sido difícil para mi adaptarme. Pero siempre que los recuerdo a ustedes me regresan las fuerzas, nunca olvidaré cómo nos salvaron en la selva. El día que necesiten mi ayuda sólo búsquenme y  ahí estaré.

—También puedes contar con nosotros – dijo Eli.

—¡Príncipe bello! ¡No me haga llorar! – Aznal abrazó de nuevo a Eli sin que este le respondiera. –Adiós y ojalá nos veamos pronto. ¡Por cierto! ¡ ¿Ese perro no es suyo?!

Micida se llevó arrastrando a Aznal que pataleaba para seguir despidiéndose. Orcus inclinó su cabeza en señal de respeto y se alejó junto a quienes se suponía eran sus subordinados. El perro regresó de donde fuera que hubiera estado, moviendo la cola y sacando la lengua.

—Hora de volver –  Nad se dirigió a la puerta que llevaba al cuartel.

—¿Cómo le decimos, Sariel?

—Ya te dije que no me hables. Y no sé, a mí también me da miedo hablarle cuando anda tan serio.

—Nad. Agelein y Sariel quieren decirte algo.

—¡Eli! ¡Nos va a matar!

—¿Qué pasa?

—Nad, no sé si estés de acuerdo pero a Sariel y a mí nos gustaría quedarnos unos días en la capital. A lo mejor podemos completar algunas misiones y sumar puntos.

—Amo. Creo que lo dice el Joven Agelein nos puede ayudar. ¡Pero al final usted toma la decisión!

—Agel, ¿qué es lo pasa? De Sariel entiendo que quiere gastarse el dinero en comida.

—¡Nad mío! ¡Qué bien me conoces! ¡Por algo estamos hechos uno para el otro!

—Este es mi primer sueldo y claro que quiero gastármelo, pero también quiero completar más misiones y  enviarle todo ese dinero a la gente de mi pueblo. Y tal vez con lo que vaya ganando puedo ahorrar para proponerle a los Merló venderme las tierras y dárselas a mi pueblo.

—Ya veo – Nad tocó el hombro de su amigo por segunda vez. – Nos quedaremos.

—¡Gracias, Nad!

—¿Nad acaba de tocar Agelein? – dijo Sariel sorprendida.

—Eso parece – respondió Eli.

—No sabía que el Amo podía expresar esa clase de sentimientos – agregó Kadu.

—Ni yo – dijo Sariel. —¡Maldito Agelein! ¡Yo también quiero que Nad ponga su mano en mi hombro!

En lugar de volver al cuartel fueron al mostrador de la Asociación por un par de misiones que resolver dentro la capital. Eli pensaba en la actitud de Nad. A pesar de estar deseoso de seguir con su propia búsqueda había decidido apoyar a Agelein aunque esto lo retrasara. Esa era la verdadera actitud de un líder. Velar por los sueños de sus  compañeros.

—Nad y ya que estamos tan unidos y me tocas el hombro y toda la cosa, ¿no crees que deberías darme algún título dentro de la Legión? Si hay un tercero al mando como Orcus y Lobo Negro, debe haber un segundo al mando y un cuarto y un quinto. Y ya que me conociste primero que a Eli, Sariel y Kadu, a lo mejor puedo ser algo así como el vice-líder o el sub-comandante Agelein.

—No presiones.

—Sólo decía.

—¿Cuántos días nos quedaremos? – preguntó Sariel.

—Creo que sería apropiado quedarnos una semana para aprovechar las misiones que tomamos – dijo Eli.

—¡Perfecto! ¡Siete días de nieve y diversión!

—Amo. Quisiera preguntarle algo – dijo Kadu.

—¿Qué?

—¿No cree que ya es momento de ponerle nombre al perro? Me da lástima decirle perro solamente. ¡Pero es su decisión!

—Agel.

—Dime, Nad.

—Consíguele un nombre al perro.

—¿Ehhhh? ¿Cómo se le consigue un nombre a un perro?

—Tienes siete días.

—¡Espera!

—Siete días – con Agelein amenazado y Nad y el perro al frente salieron de la Asociación de Portadores.

La Legión de Cobre deja la Asociación de Portadores para internarse en la Capital. Allí completarán una serie de misiones antes de que Nad sigua en la búsqueda de pistas que le permitan saber más acerca de Lura y el portal de Otaez. El libro seguirá guardado en su capa. Estamos a una semana de la revancha por parte de un desertor con la palabra Viento.